OYASUMINASAI: No quejarse nunca

Escribe: Rvdo Padre Luis Martínez Dueñas (*)

Esta recomendación la llevo arrastrando sobre mi conciencia desde hace medio siglo y nos la dio a sus alumnos un catedrático de la vetusta Salamanca. Para aquél veterano profesor la fórmula mágica de la felicidad en la tierra era “no quejarse nunca, de nada, de nadie, no de sí mismo”. Bonita fórmula, ¿no es verdad? ¿Y de fácil cumplimiento?. Bueno, la experiencia me ha confirmado que no es tan fácil de cumplir como suena.

En primer lugar, el poeta Nikos Kazansaki nos dice que el adverbio “nunca” sólo puede usar Dios y que los mortales debemos de tratar de aproximarnos a ese nunca en nuestros propósitos. Segundo requisito, no quejarme de “nada”… Pero de qué hablamos entonces cuando el clima está pésimo, la vida sigue encareciéndose, no encontramos trabajo, y la sociedad está como está…!

Tercera exigencia; no quejarse de “nadie”… Pero señor catedrático, ¿sabe usted en qué ambiente vive ahora la gente? Posiblemente usted haya tenido buenos vecinos, sus alumnos le habrán honrado, etc… ¿pero se imagina cómo es ahora nuestro mundo? Si no te puedes fiar casi de nadie y nadie se interesa por tus cosas; más bien te pondrán obstáculos para que las cosas no te salgan bien. ¿Y qué decir del “gap generacional” que nos dificulta tanto las relaciones humanas aun en la familia?

Recomendación final: “no quejarme de mi mismo”. Aquí sí hay pan para rebanar, porque ninguno de nosotros está conforme en ser como es y siempre quisiera ser como los triunfadores de la vida. Al recordar hoy esta fórmula de la felicidad, no me he atrevido a ponerme una calificación sobre el cumplimiento de mi parte sobre la misma.

Ojalá tengamos esta semana todos un poco de calma y buen humor para que nuestras quejas no sean tan frecuentes en los tres acápites de la recomendación.

(*) Español, nacido en la ciudad de Burgos. En 1953 llegó al Japón donde se recibió de sacerdote 7 años después. Entre los años 1965 y 2000 se desempeño como vicario de la colectividad peruano japonesa en el país sudamericano. En el 2001 retornó a Japón para brindar atención espiritual a los dekasegi. Desde abril del 2004 hasta marzo del 2007 cuando se produjo su muerte, ofrecía una reflexión humana sobre la vida, los sucesos diarios y los actores que la protagonizamos, a través de la columna OYASUMINASAI en el portal “Japón en Español”.  Falleció el miércoles 7 de marzo del 2007 a consecuencia de un ataque cardíaco.

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