LA ESPADA Y LA PLUMA: Minato Gakuen (V)

Escribe: Ricardo Mitsuya Higa (*)
 
Una de las características más importantes que se generaron dentro de los GAKUEN, fue la ineluctable e inefable sentimiento de hermandad con que fueron marcados para siempre. Como una gloria o como un castigo.
Seguramente fue por las circunstancias, Japón la patria de nuestros padres habían perdido la guerra, para los nikkei se preludiaba una atmósfera hostil, dentro de todas las familias fue creciendo inconscientemente un espontáneo sentimiento de hermandad. De solidaridad.
Para los integrantes de los GAKUEN de pronto, su FAMILIA se hizo numerosa, aunque no existiesen lazos de sangre, crecieron los “hermanos” y “hermanas”. Cuando uno estudiaba en un colegio, uno conoce a los integrantes de su promoción, puede llegar a conocer a los de un año superior y a los de un año inferior, pero nada más. En cambio, en los GAKUEN uno llegaba a conocer a todos los integrantes de todas las familias, incluso a los padres.
En japonés “NISAN” significa hermano mayor, por lo tanto a quien había que respetar y hacer caso; y a la vez, los NISAN tenían la responsabilidad de proteger y ayudar a los menores. De pronto, uno tenía un montón de hermanitos y hermanitas menores.
 
Esto se dio en todos los GAKUEN, por ejemplo en Minato yo era “Mitsuya nisan” así también estaba “ Eizo nisan”, “Yoshinori nisan”, “Takemitsu nisan”, ”An-ichi nisan”, “Tatsuo nisan”, “Morihide nisan”, “Minoru nisan”, “Yoshinobu nisan”, y así nos llamaban los pequeños, incluso, los padres de familia, lo cual significaba que nos entregaban esa responsabilidad.
Esto lo pude comprobar en aquel paseo a la playa de un verano. Era el paseo anual que se realizaba en una playa, a la que concurríamos todos los alumnos, profesores, padres de familia, hasta los niños que no estaban en edad escolar.
El destino era la playa de Naplo al sur de Lima. Habían contratado cuatro omnibuces. En el primero que salía más temprano, subieron los más pequeños, algunas madres de familia y seis “Nisan”. Entre ellos iba yo.
El  bus nos dejo en la playa y se fue, luego vendría para el regreso. Con algunas sábanas que habíamos llevado armamos una especie de carpa, en aquel tiempo no existían las carpas de ahora.
Lo raro era que pasaron dos horas, tres horas, y los demás ómnibus no venían. (Por supuesto, no existían los celulares) No teníamos ninguna clase de comunicación. Los pequeños querían bañarse, así que los seis “Nisan” hicimos una especie de cadena humana dentro del agua para vigilar a los pequeños para que no fueran arrastrados o levantarlos cuando las olas los tumbaban. Nosotros no podíamos distraernos, era una vigilancia tensa, eran como 40 niños.
Luego llegó la hora del almuerzo, felizmente algunas madres habían llevado su “obento” para su familia. No les quedó más remedio que repartirlo entre todos. Pero no había bebida, el ómnibus en la cual venían las cajas no había llegado. A unos 600 metros desde donde nos encontrábamos, había un kiosko de estera donde vendían gaseosa, así que los “Nisan” fuimos a comprar, pero cada uno no podíamos cargar más que seis. Por lo tanto, teníamos que hacer varios viajes sobre la arena caliente, incluso, para devolver las botellas. A los “Nisan” se nos paso el día realizando estas tareas, sin tener descanso. Estábamos malhumorados.
A eso de las 4 y media, llegó el bus para recogernos. Regresamos pensando en la gran preocupación que tendrían las madres y los padres de los pequeños que habían viajado a la playa. Cuando llegamos al colegio que estaba en la calle Washintong del Callao, nos encontramos que había una gran fiesta, habían improvisado un “UNDOKAI”, porque resulta que el contrato estuvo mal hecho y ya no hubo más ómnibus.
Lo que me extrañó profundamente, es que no hubo algarabía ni preocupación por la ausencia de los pequeños.
Al vernos, daban por hecho que los pequeñuelos se habían bañado y divertido. Sacaron la cuenta cuántas madres había llevado su obento, y llegaron a la conclusión que la comida alcanzaría. Y que habían viajado seis “Nisan”, por lo tanto estaba garantizado la seguridad de los menores.
Aunque no fuesen familia directa, ese es el espíritu de hermandad que existía en los GAKUEN. Por eso, los que han vivido ese sentimiento de hermandad los ha marcado para siempre. Eso se nota también en los clubes como SAKURA; HINODE; SHOWA; UNION PACIFICO. (Continuará)

(*) Peruano. Es uno de los periodistas más antiguos de la colectividad nikkei del Perú. Durante quince años ejerció el cargo de Director de Redacción Castellana del Diario Perú Shimpo. Aficionado por la tauromaquia, se graduó como Matador de Toros en España teniendo como padrino al Legendario Palomo Linares. Desde abril del 2007 es columnista de “Japón en Español” y “El Blog del PETA”..
 
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Una respuesta to “LA ESPADA Y LA PLUMA: Minato Gakuen (V)”

  1. lunablue Says:

    Los japoneses tienen una carcteristica muy notable, interesante y admirable el ser unidos a pesar que son poco sociables por estas épocas la union ha sido un factor determinante para sus exitos en la vida y no me refiero solo en lo económico; por ello estoy convencida que no hay japonés pobre mendigando por el mundo a no ser claro que sea una decisión serlo, son muy pujantes, emprendedores y no les gusta causar problemas a nadie . Aunque moleste a muchos considero que es una de las sociedades con más alto porcentaje en honradez se saben ganar muy bien el alimento para su familia sin necesidad de ser vivos o engañar a los demás.
    Muchas sociedades deberíamos aprender de ellos .

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